Tanto tienes, ¿tanto pagas?

Sigo encontrándome con casos de “abuso” en la comunicación de ciertos indicadores, que no ayudan a arrojar luz sobre asuntos sociales y políticos importantes, sino que más bien interfieren y distorsionan. En esta ocasión me refiero a una noticia de hace unos días que decía así: “Las familias españolas pagan 50 veces más impuestos que las grandes empresas”; la leí en Público, pero también apareció con un tratamiento parecido en otros medios como ABC. Los datos se refieren al informe “Tanto tienes, ¿tanto pagas?” de Oxfam Intermón, cuya lectura recomiendo a toda persona interesada porque está bastante bien hecho. Sin embargo, ese titular juega un poquito con una “hipérbole estadística”

A pesar de que el informe de Oxfam está bastante detallado, la propia ONG destaca también esa relación de “50 veces” en el resumen. ¿De dónde sale el cálculo? No exactamente de “la tarta” que sale en el vídeo elaborado por Público, donde se ve que las familias aportan un 91,58% de la recaudación total y las empresas un 8,42%, sino de la comparación de la primera cifra (la de las familias) con el 1,98% que aportan las grandes empresas. Las cuentas son: 91,58/1,98 = 46 aproximadamente, que es efectivamente lo que se señala con más precisión en la página 38 del informe.

¿Viene mi crítica a cuento de esa diferencia entre “50 veces” y “46 veces”? No, en absoluto. Es un redondeo razonable. El asunto es algo más sutil y lo intentaré plantear así: Con este indicador que utilizan, ¿la igualdad se conseguiría cuando el resultado fuese 1, es decir, cuando familias y empresas aportasen un 50% cada una? ¿Y si metemos en la ecuación también a las grandes empresas, para conseguir un 1 al comparar los 3 grupos necesitamos que cada uno (familias, empresas y empresas grandes) aportase un 33,33%? Los porcentajes que garantizan la situación de igualdad cambian según consideremos más o menos grupos… Aquí hay algo que no cuadra.

A ver, ¿no será que la igualdad está en el punto donde cada grupo aporta a la recaudación una proporción igual a su volumen relativo de “individuos/unidades”? Si en España tenemos unos 18 millones de hogares, unos 3 millones de empresas en total y poco más de 60.000 grandes empresas (si contamos la que tienen 20 o más trabajadores asalariados), ¿no sería justo que las familias aporten una proporción mucho mayor a la recaudación que las grandes empresas? Siguiendo este razonamiento se podría titular: ¡El número de hogares es 300 veces mayor que el número de grandes empresas, y sólo aportan 50 veces más a la recaudación!

Alguien ya estará pensando que se la quiero colar: “Ya, ya. Las grandes empresas serán menos, pero ganan unas cantidades de dinero mucho mayores que las familias”. Efectivamente, espero que nadie caiga en la trampa de ese último titular y que la mayoría se percate de que lo importante no es el número de “individuos/unidades”. La referencia esencial para comparar presiones fiscales es la capacidad de pago de cada grupo, que se puede fundamentar en los ingresos, las rentas, el patrimonio, etc. Esto se aproxima mucho más a lo que puede responder a la pregunta “tanto tienes, ¿tanto pagas?”, que se hace Oxfam. Por tanto, es posible que efectivamente las grandes empresas sean menos en volumen pero sus resultados económicos sumen más que las de otros grupos. “Qué lío, ahora tendríamos que encontrar los datos sobre beneficios de las empresas e impuestos pagados para después compararlos con los de las familias”. No preocuparse, hay un camino muy rápido y sencillo: comparar los tipos impositivos efectivos que soportan unos y otros colectivos, es decir, la parte de sus “ingresos” que realmente pagan en impuestos. Si los porcentajes no coinciden, habrá desigualdad. Cuanto se parezcan, mayor igualdad. El informe aporta esta información:

Desde 2007, el tipo nominal general del Impuesto sobre Sociedades es del 30% para las grandes empresas y del 25% para las PYMES. Pero el tipo efectivo que soportan (es decir, lo que pagan respecto a sus beneficios) es muy inferior al nominal gracias a la aplicación de exenciones y a mecanismos de planificación fiscal. Así, en 2011 los grupos consolidados de grandes empresas pagaron de media un 3,5% sobre su resultado contable en vez de un 30%, y cerca del 17% los grupos no consolidados y las PYMES (en vez de un 25%). […] En ambos casos, muy por debajo del 22% que soporta un ciudadano medio [página 26]

Pues bien, asumiendo estos cálculos, el titular más correcto (o al menos honesto desde mi punto de vista) parece que sería: “Las familias pagan 6,3 veces más impuestos que las grandes empresas“, que ya se aleja un poquito de las 50 veces resaltadas en los medios. E incluso, ya que hablamos de porcentajes (aunque éste es otro debate), yo diría mejor : “Las familias soportan un tipo impositivo efectivo 18,5 puntos porcentuales mayor que el de las grandes empresas“. Seguramente estas fórmulas, sobre todo la última, son algo más rebuscadas y no tienen el mismo impacto comunicativo frente al gran público, pero me parece que son más rigurosas.

Llegados a este punto, alguien puede decir: “¿Tantas vueltas para esto? Mucha corrección metodológica, pero al final el resultado sigue siendo que las grandes empresas soportan una carga impositiva mucho menor que las familias”. Ante esta razonable objeción tengo dos cosas que señalar:

1) Con esta reflexión hemos conseguido detectar un indicador más ajustado de la igualdad en la carga impositiva: comparamos tipos impositivos efectivos en términos relativos a la capacidad económica de cada grupo. Ahora es más claro que si el tipo impositivo efectivo de A es 1 vez el de B, o hay cero puntos porcentuales de diferencia, nos encontramos en situación de igualdad completa. Con este indicador podríamos detectar, por ejemplo, si en otros momentos pasados o futuros se ha estado más o menos cerca de esa igualdad plena, en la cual todos los colectivos pagan en impuestos una proporción similar de sus ingresos o rentas.

2) Ahora que tenemos una base más sólida de comparación, podemos entrar en otros debates. Se puede plantear la cuestión de la diferencia de carga impositiva entre grandes empresas y el resto de empresas, para profundizar (el informe lo hace) en los mecanismos que utilizan para conseguirlo. O también se puede dejar caer una pregunta como: “¿Deben pagar las empresas los mismos impuestos sobre sus beneficios que las personas por su renta?”, que la dejo para los comentarios u otra entrada del blog si alguien tiene interés.

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2 comments

  1. También debemos tener en cuenta que los beneficios de las empresas también tributan de otra forma (“doble imposición”): como renta de los accionistas cuando estos reciben dividendos o cuando venden con ganancias sus acciones.

    1. Fernando, muchas gracias por el comentario. Lo que señalas es algo de lo que quería dejar al debate con mi última pregunta en el artículo: “¿Deben pagar las empresas los mismos impuestos sobre sus beneficios que las personas por su renta?”. Efectivamente, el debate “personas vs. empresas” se complica si pensamos que las rentas del trabajo y del capital van a parar finalmente a personas. Es obvio que en condiciones normales las rentas del capital tributan dos veces (con los resultados que la empresa declara en cada ejercicio y cuando los accionistas declaran dividendos u otros rendimientos), por lo que es conveniente tenerlo en cuenta a la hora de estimar la presión fiscal que soportan. Por otro lado, tengo dudas respecto a posibles prácticas (del tipo “aplazamientos” o “ocultamientos” de ganancias) que usan ciertas empresas para evitar que sus propietarios tributen. Como digo, no tengo certezas en estos puntos, aunque me interesaría saber algo más.
      Estas cuestiones son tal vez muy técnicas y hay que tener un gran conocimiento para poder establecer las implicaciones exactas, pero está claro que es necesario tenerlas en cuenta para analizar rigurosamente la realidad social. Definitivamente, el trazo grueso que se utilizan ciertos medios y organizaciones no ayuda a entender mejor el asunto.

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