Claro que se puede… (2ª parte)

En la primera parte de este artículo dejamos un tarea pendiente: conocer cuál es la situación (y la evolución) de la malnutrición infantil en España. ¿Es realmente nuestro país “medalla de plata” o “subcampeón” en malnutrición infantil dentro de la Unión Europea, detrás de Rumanía?

Para abordar este asunto deberíamos aclarar, en primer lugar, qué se entiende por malnutrición. El diccionario de la RAE nos aporta una definición sencilla: malnutrición1. f. Med. Condición causada por una dieta inadecuada o insuficiente, o por un defecto en el metabolismo de los alimentos”. Hablamos, entonces, de un estado de “desequilibrio nutricional” debida a una dieta excesiva o deficitaria, o a problemas en el procesamiento fisiológico de los alimentos.

Los estudios más recientes sobre malnutrición infantil en España se han centrado en mayor medida en la prevalencia del sobrepeso y la obesidad (un ejemplo es el estudio ALADINO). Pero, ¿son esos los únicos problemas de malnutrición en nuestro país? ¿La crisis que estamos padeciendo no ha provocado una aparición de casos de “desnutrición” o “malnutrición por defecto” entre los niños? A este respecto, en los últimos meses han aparecido algunos informes, entre los que destaca el publicado por el Síndic de Greuges (defensor de las personas) de Cataluña. En ese “Informe sobre la malnutrición infantil en Cataluña” se señalaba que en los “datos de junio de 2013 de la historia clínica informatizada de la atención primaria del Instituto Catalán de Salud” había 751 menores de 16 años “con códigos diagnósticos relacionados con la pobreza y la desnutrición infantiles” (pág.7). La cifra resultaba preocupante, pero la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) y la Sección de Atención Primaria de la Sociedad Catalana de Pediatría puntualizaron:

“los datos de los 750 niños afectados de desnutrición se han extraído de los códigos de diagnósticos de la historia clínica informatizada que utilizamos los pediatras de atención primaria del Institut Català de la Salut (ICS). Estos datos se refieren a niños desnutridos que sufren, en su mayoría, enfermedades crónicas que causan desnutrición (metabólicas, neurológicas, neoplasias, prematuridad extrema o anorexia nerviosa, entre otras).”

Desgraciadamente, no tengo autoridad ni la información suficiente para concluir algo sobre este asunto. Es una discusión que parece algo técnica y no hay referencias claras para saber si hay una relación fuerte con la situación económica. No obstante, la AEPap coincide en señalar que en sus consultas se encuentran cada vez más con familias que sufren graves problemas económicos: “En Cataluña hasta el momento no puede hablarse de desnutrición en la población infantil por motivos económicos, pero nos preocupa seriamente que pueda ocurrir en un futuro más o menos cercano”.

Dejando este asunto para los expertos médicos, y teniendo en cuenta que queremos saber qué pasa en el conjunto de España (probablemente haya otras Comunidades Autónomas que se encuentren en peor situación que Cataluña), ¿hay forma de tener una idea aproximada de nuestra posición en el contexto europeo en cuanto a alimentación infantil? Otro indicador que utilizaba el informe del Síndic de Greuges nos puede dar una pista: “casi 50.000 niños catalanes de esta edad no se pueden permitir carne o pescado al menos una vez cada dos días (pág. 8). Esta cifra se extrae de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, y es comparable (en cierta medida) a nivel europeo en la base de datos Income and Living Conditions de Eurostat. Pues bien, utilicemos el indicador que nos muestra qué proporción de hogares con niños dependientes sufren esa privación material relacionada con la alimentación en España y otros países de su entorno (pinchar imagen para ampliar):

TablaEUfood

En 2012 (año más reciente con datos disponibles para el conjunto de la UE), Bulgaria es el país con mayor proporción con un 49,3%, después Hungría con un 33,8%, luego Rumanía con un 25,1%, Letonia con un 23,6%, Eslovaquia con un 20,8%,… ¿Y dónde está España? Hay que bajar mucho en este ranking para llegar a su posición: con un 2,5% se rodea de países como Finlandia, Holanda, Suecia o Noruega, pero también de otros como Irlanda y Portugal.

Respecto a la evolución temporal en los últimos 10 años, España se ha mantenido en unos niveles bastante bajos respecto a este indicador: entre el 1,6% (2004) y el 3,7% (2013). Destaca, efectivamente, que el último año 2013 haya sido el que presenta una tasa mayor de toda la serie y que el incremento en sólo un año (desde 2012) alcance 1,2 puntos porcentuales. Alguien puede pensar que no son muchos puntos de diferencia, sobre todo comparando con los datos de otros países europeos, pero traducidos en datos absolutos supone un incremento de casi 100 mil niños más que viven en hogares que no se pueden permitir comer carne o pescado una vez cada dos días, al pasar de casi 200 mil (2012) a casi 300 mil (2013).

Conclusiones:

1) ¿España es “subcampeona” de Europa en malnutrición infantil, detrás de Rumanía? El tema es complejo, y más todavía si consideramos malnutrición en sentido amplio. Sin embargo, si nos referimos a las dificultades materiales para conseguir ciertos alimentos, parece haber suficientes indicios para decir que los niveles de carencia en España están muy alejados de los de Rumanía (y otra larga lista de países europeos ya citados).

2) ¿Han tenido la crisis y las medidas políticas de los últimos un efecto considerable sobre esta problemática? Afortunadamente parece que no en términos relativos: el 3,7% del último año 2013 se aproxima bastante al 3,5% de 2006, cuando la situación económica parecía ser mucho mejor. Muy probablemente esto ha sucedido, a pesar de la caída de ingresos, gracias a los esfuerzos familiares para cubrir una necesidad tan básica como la alimentación. La crisis está afectando indudablemente a los presupuestos de muchos hogares, pero todavía no alcanza a provocar una cantidad detectable de casos de malnutrición deficitaria en los niños.

3) Lo dicho anteriormente no debe hacernos olvidar que esos porcentajes trasladados a valores absolutos siguen representando a cientos de miles de menores en España que sufren ciertas restricciones materiales relacionadas con la alimentación. La preocupación por la cuestión sigue vigente, tanto como podría serlo en 2006, y la propuesta de acciones para mejorar la situación es necesaria. Sin embargo, hay que valorar el fenómeno en su justa medida, intentando no exagerar o sesgar, para poder hacer unas propuestas adecuadas y efectivas. El debate continúa en este punto, por supuesto, e invito a todo el mundo a comentar y debatir sus opiniones.

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